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Los obstáculos no están en el suelo, solo en tu cabeza.

soy beleve abel hans

Pensaba que me pesaban los pies, creía que estaba sucio por fuera, quizás menos que por dentro. Me incomodaba tirarme al suelo, saltar por encima de todas las piedras del camino, bordear con soltura lo que casi me machacaba. Estaba sobradamente preparado, tenía el físico suficiente, estaba sobradamente entrenado, necesitaba enfrentarme a cualquier situación, en cualquier momento, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia. Cerré los ojos un segundo antes de comenzar, fue cuando vi mi objetivo con mayor claridad.

Los obstáculos no están en el suelo, solo en tu cabeza.

El paso de cambiar las zapatillas de andar por la casa, un té o un refresco en el sofá y tu serie favorita, a calzarse las zapatillas de deporte para ponerse a sudar, en ocasiones no resulta sencillo. Hay quienes tienen un pensamiento atornillado a su cabeza, piensan que haciendo deporte no serán capaces de disfrutar, de sonreír a 160 pulsaciones.

Es muy probable que ese pensamiento sea consecuencia de una experiencia anterior poco afortunada. Suele tener relación con personas que han experimentado con la actividad física de una manera desordenada.

Beber una copa de vino en el almuerzo es saludable, pero beberse la botella es otra cosa. Con las actividades físicas pasa lo mismo. No quiero invitarlos a que hagan un Ironman o una maratón, eso solo háganlo cuando estén suficientemente preparados.

Puede ser que encuentres un amigo que te diga que ha corrido 10 km el primer día, puede ser que jamás en su vida hiciera esa distancia de una vez.

Él lo decide y se afana en tener una vida saludable de golpe, sin conocimiento ni asesoramiento previo. La noche anterior cena una ensalada, se compra unas zapatillas muy monas en la tienda de su amigo, unos pantalones en oferta y se coloca una camiseta de su equipo de fútbol favorito. Se tira a la calle, al campo o la playa y corre sus 10 km.

El problema llega cuando al día siguiente odia el deporte, tiene ampollas en los pies causadas por las zapatillas nuevas, ya que no se puso calcetines técnicos, el pantalón le hizo una rozadura en el muslo y la camiseta le dejó una marca en el cuello.

Todo esto sin contar con los dolores que tendrá al menos durante 4 días, las incomodidades en las rodillas y su incapacidad para subir escaleras durante la semana siguiente.

Las redes sociales en este aspecto, en ocasiones más que favorecernos, nos confunden, nos hacen creer que todo es fácil y que solo es cuestión de desearlo, de mentalizarlo. Incluso algunos imbéciles dicen convencidos: “Me lo merezco”.

Es evidente que mentalmente debemos ser pro activos, que tener una actitud positiva nos acerca un poco más a cada objetivo, a prepararnos. Pero hay otros factores que no tienen que ver con la mente. El conocimiento de las capacidades físicas, son la base para saber en qué condiciones te encuentras, cuáles son tus objetivos y como puedes conseguirlo.

Se debe programar una evolución, en unos plazos razonables. Tu amigo que corrió los 10 km el primer día no disfrutó de su actividad, es más, los días siguientes tuvo todo tipo de dolores. Si en vez de realizar esa actividad como la hizo, hubiese realizado una adaptación al esfuerzo progresiva, se hubiese motivado mucho más, de una manera más cómoda y satisfactoria.

Un día hace una caminata de 3 km, al día siguiente corre durante 500 metros y camina durante 1 km. En tres repeticiones, así progresivamente.

De esta manera estaría mandándole un mensaje a su cuerpo de adaptación a un esfuerzo de manera progresiva, vería la mejora en su rendimiento en pocos días y se motivaría automáticamente con sus propias sensaciones para empezar a retarse a sí mismo.

En otras ocasiones el pensamiento es más enrevesado, “estoy convencido que puedo hacerlo, pero no lo hago”.

Nuestro tiempo y espacio está completamente inundado de obligaciones, de responsabilidades adquiridas, de compromisos que nos encadenan a una rutina permanente, que nos aleja de hábitos saludables, de una vida sana mentalmente.

Razonar de una manera lógica como empezar, con qué objetivos y con qué método es fundamental a la hora de dar el paso.

Los obstáculos no están en el suelo, solo en tu cabeza.
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