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La huella ecológica del ciclismo

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Tras la polémica expulsion de Peter Sagan en el Tour de Francia, vuelvo a vislumbrar una polémica al alcance de todos.

¿Cómo un evento deportivo de trascendencia mundial, se permite dar como ejemplo que sus participantes tiren la basura al suelo, a cualquier cuneta, a la profundidad de una cañada o un río, sin que nadie se plantee, si esto es necesario, evitable?

No lo digo porque piense que los ciclistas no sean el ejemplo de sacrificio, constancia y pundonor, ni mucho menos. Se trata sin duda de uno de los deportes más exigentes a todos los niveles, en ocasiones inhumano, maravilloso, lo defiendo por encima de otros muchos igual de respetables. Pero la cuestión ya sobrepasa la delgada línea de la coherencia, esa que está tan cerca de la estupidez.

El Tour de Francia tiene en 2017 más de 100 millones de euros de presupuesto

Ahí están incluidas las esbeltas, delgadísimas y bellas azafatas innecesarias, la inmensa caravana de coches y motos que perfuman el ambiente desde sus tubos de escape, el aire, el rebufo, la tranquilidad de los participantes, quizás también en casi millón de espectadores que se acercan a cualquier carrera secundaria, a un puerto de montaña, a la meta, para ver pasar a sus ídolos sobre ruedas.

Del impacto que tanta porquería ambiental provoca en el maravilloso entorno captado por tres helicópteros ni hablamos, en este caso no es necesario y normalmente este tipo de artículos son leídos por personas con dos dedos de frente, incluso más…

Ciclismo deporte basura tour de france

Hay motos en ruta que llevan ruedas de repuesto, por si en algún caso los héroes que sobrevuelan el mapa a más de 40 km por hora de media en una jornada de montaña, en ocasiones la media sube si la etapa transcurre sin desnivel, ya saben, máquinas humanas de menos de 60 kg, exprimidas al límite. Ratones de dos patas, con los que marcas, ciencia y tecnología hacen todo tipo de pruebas en los meses previos a estos eventos. Como la vida misma ya ven.

Hay vehículos “medicalizados”, donde un médico que les cura una herida tras una caída, les hace un vendaje encima de la bici o les diagnostica una meningitis sin quitarle el casco.

Cada meta volante, sprint especial o premio de la montaña, lleva un equipo logístico de al menos un camión, varios vehículos de apoyo y 5 o 6 personas, para montar y desmontar las vallas publicitarias, las lonas, los arcos hinchables, incluso reparten regalos de marcas patrocinadoras a las criaturas que se acercan por la zona, por el mismo precio.

Todo un despliegue de medios, de posibilidades, de detalles al milímetro en cada metro de etapa, que en ocasiones sobrepasan los 200 km de recorrido, los 6000 metros de desnivel positivo.

El dispositivo logístico de la meta, lo mueven más de 20 camiones de la organización, con más de 4000 periodistas acreditados que hacen posible que cada etapa se vea en 200 países, mostrársela en HD a más de 20 millones de personas cada dia. No falta detalle en zonas de prensa, control antidoping, zonas VIP para las autoridades de turno y “babosos” de la zona, ya saben, ni un solo detalle al azar. Una organización que mueve más 600 personas, 200 vehículos, 100 oficios y profesionales.

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Mientras tanto los ciclistas siguen sorteando su suerte con el suelo, como frágiles cristales decorativos de un espectáculo, hechos a medida para los medios de comunicación, con los que mueven más de 50 millones de euros en derechos.

Pero me sigue sorprendiendo, qué al pasar por un parque natural, por un puerto de montaña o por la rivera de un río increíble, los participantes hagan volar sus botellas de líquido vacío, tirar el plástico de gel, de una barrita energética por encima de las cabezas de sus compañeros, cayendo al agua, a la cuneta, a un viñedo, al bosque o a un prado ocupado por vacas, da igual porque de eso la organización no se preocupa lo suficiente.

Señores de la organización, les hago una propuesta:

Colocar cada 50 km, o coincidiendo con las metas volantes, sprint especial o premios de la montaña, puntos limpios, patrocinados por el gobierno local, el ayuntamiento de la zona o cualquier otra marca que se identifique con un mundo sostenible, se podría centralizar la recogida de basura que portan durante unos km los educados participantes a los que en cualquier lugar del mundo tienen prohibida arrojar basuras al suelo, mucho más a un entorno bello por naturaleza, aún más bello por su paso.

Me dirán, ¿como le obligamos a los corredores que están disputando el premio de la meta volante, el sprint especial o el premio de la montaña, ¿qué en ese preciso instante, evacuen ordenadamente de los residuos que portan?

Pues muy fácil, un km después de estos puntos, se habilitan 300 metros de punto limpio autorizado, donde los participantes, evacuan sus botes vacíos, plásticos, latas, papelillos o bolsas de tela que recogen en los puntos de avituallamiento.

Una vez pasado la totalidad del pelotón y participantes, un equipo de dos personas, recogen los residuos y se los lleva a meta, donde se podrán agrupar los botes que normalmente se pueden reutilizar para ser donados a asociaciones de personas necesitadas, la celebración de concursos, sorteos o regalos.

Manteniendo de esta manera el mismo respeto que a cualquier usuario de una bicicleta, se le exige cuando pasea con su bici por cualquier lugar, sin que este esté autorizado a ensuciar su propio entorno, por la simple impunidad de que sus ídolos en una de las mejores carreras del mundo, hacen sin que nadie les diga, que verter basuras en la calle, en el campo o en la carretera está terminantemente prohibido.

De paso, lo mismo añaden a otro patrocinador que se hace cargo del asunto, un motivo más para recaudar…

Hagan el favor!!!

 

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