Voy a salir a correr; me lo pide el cuerpo, también la cabeza.

Hoy no lo haré por el parque, tampoco por el paseo, no pisaré el asfalto recalentado por un sol deslumbrante. No me parare en los semáforos, ni me condicionaran el sonido de las ambulancias, no pasaré junto a los cubos de basura que esperan su recogida. No tendré que apartarme de mi camino para que pase una moto, para que el repartidor de publicidad aparque su carrito.

Hoy simplemente me iré a correr a un lugar donde el sonido de mis pasos me acompañen, iremos the a correr a solas, donde mi sombra me vigile y me siga silenciosa, donde agradeceré la presencia de unos árboles, y oiré el susurro de una brisa a veces suave. Sabré el ritmo de mis pulsaciones porque casi puedo oírlas, mientras pierdo la vista en el horizonte, buscando el último punto visible entre el cielo, la tierra y yo.

Me dejaré llevar por mi ritmo corriendo, cauteloso cuando asciendo, delicado cuando desciendo, disfrutando cada panorámica, sintiendo el placer de mi esfuerzo, del sudor que refrigera mi cuerpo. Hoy perderé la noción del DEPORTE: tiempo, de todos los minutos y segundos, del espacio, del lugar… Me pararé en un arroyo para mojarme la cara, la cabeza, recorreré otro sendero, uno nuevo y otro menos conocido.

Terminaré mi entrenamiento de running cuando me apetezca, cuando el escenario que piso me llame, el corazón me lo pida o las piernas se hagan sentir con un simple aviso. Es posible que el entorno me regale una fruta.
Hoy simplemente me voy a correr al campo, mañana a lo mejor me apetece correr por la ciudad…

HOY VOY A CORRER…
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