Los hermanos Brownlee protagonizaron hace unos días, uno de los episodios más espeluznantes a la vez que llamativo de los últimos tiempos, según los expertos en la materia, también los que hemos podido ver las imágenes de los últimos metros de la prueba.

Uno de los participantes se encontraba a 400 mts de la meta, en la última prueba de las series mundiales distancia olímpica, en Cozumel (México), que además decidía el Campeón del Mundo ITU. Mantener la posición le garantizaba obtener el primer puesto en la prueba y el título de Campeón del Mundo, nada menos.

La prueba se desarrolló en condiciones extremas, de calor y humedad, que añadieron alicientes de máxima dificultad desde el principio. Jonathan, uno de los autores del infernal ritmo, primer clasificado hasta los últimos 400 metros, pago físicamente las consecuencias de su actuación. Su Hermano Alistair, que venía en tercera posición junto con el segundo clasificado, vio que Jonathan apenas se mantenía en pie, en ese momento ayudado por un auxiliar de un avituallamiento.

Los hermanos Brownlee en su carrera a la meta

Todos, entendidos y desentendidos, se han afanado durante estos días a ponerle apellido a la heroica participación del hermanísimo, quien en un gesto pendiente de “beatificar”, arrastro hasta la meta a Jonathan, roto físicamente, con la mirada perdida y sufriendo espasmos musculares. Lanzado por delante suya, para que obtuviera algunos puntos más (lo importante era el fondo y no la forma), por si las moscas. Cayó sobre la línea de meta prácticamente desmayado, donde obtuvo ayuda médica de inmediato y fue hospitalizado de urgencia.

Las palabras héroe (derivados de la misma), hazaña, valores deportivos, gesta y otros apelativos que prestigian la acción, han irrumpido con todo tipo de textos y comentarios en relación al acontecimiento, ensalzando la actuación de su brother, rescatador en acción de lo nunca visto.

Titulares como los siguientes nos invaden:

“Renunció a una mejor clasificación en beneficio de su hermano colapsado”.
“Fue un gesto que queda muy por encima del reglamento”.
“Generosidad deportiva que pone los pelos de punta”.
“El gesto deportivo que conmovió a la comunidad deportiva mundial”

Es decir, colocan el asunto en un hito para el recuerdo, una autentica clase de deportividad, un ejemplo de los valores competitivos… En fin, lo canonizaremos en el próximo Corpus Cristi en la plaza de San Pedro, todos arrodillados y rezando un Ave Maria.

Nadie se ha parado a pensar que, ese corredor estaba completamente colapsado, desconectado cerebralmente. Inmerso en un absoluto bloqueo neurológico.
Que la situación era muy grave y que amenazaba en primera persona la salud del deportista, probablemente con repercusión en daños físicos o neurológicos.

El sentido común es lo de menos a tenor de los distintos puntos de vista, parece ser mucho más importante el resultado de una carrera, que el resultado de una vida en riesgo vital…

HÉROES ERRANTES
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