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El triatleta desnudo

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Resulta extraño ver a un triatleta vestido de etiqueta, con zapatos negros de tacón, bien brillantes de betún cepillado. Ensayando un saludo Real, ajustándose otra versión de gemelos, que lo hay.

Probablemente desconocido por los celebres invitados al evento, donde en esta ocasión, no habrá cestas para depositar el neopreno, las gafas,  avituallamientos de agua embotellada, barritas y geles.

El arco de meta se superó hace tiempo, sus compañeros (no rivales) dieron fe de lo que sucedió una y otra vez.

Luchando en un deporte individual contra equipos, tiene contracturas en el cuello de ver por detrás a los que le pisan los talones, de no ver por delante nada más y nada menos que el sueño de miles de criaturas, profesionales y no profesionales, que en definitiva son los que más me llaman la atención, a los que representa cada día, en cada entrenamiento, en cada brazada seca de aliento, en cada pedalada sobre el gris, en cada zancada por debajo de los 3´40´´.

“Veo a miles de triatletas desnudos y aún con el Teatro lleno, en pie y aplaudiendo, nadie nos ve”

Y es que las tablas del teatro Campoamor de Oviedo, celebre escenario de entregas y reconocimientos meritorios, ahora con nuevo nombre “Princesa de Asturias”, recibe visita y reverencia, de uno de los mejores deportistas del deporte mundial, ejemplo puro de trabajo, superación y puestos ya, de excelencia, como corresponde a los reyes…

Otros muchos, también del gremio, se sentirán igual de reconocidos, afortunados de una puñetera vez y perfectamente representados por el sostenedor del título.

No siempre estos premios, limpian y dan esplendor a la trayectoria ejemplar, al mérito de la faena laboral, artística, espiritual. No siempre son premiados los merecedores, en ocasiones, por carecer de agendas de contactos actualizadas, por carecer de la poca vergüenza necesaria, para obtener el artificial honor de medallas publicas no sudadas.

Resulta extraño ver a un triatleta vestido de etiqueta, protagonista en la sección de deportes de cualquier Telediario. Y pienso, que acontecimientos de este grado, podrán provocar de una vez, la apertura de los medios de comunicación a un deporte tan sacrificado, digno, duro, extremo, ni más ni menos que el Fútbol, el Baloncesto o el Tenis.

Resulta tan extraño ver a un triatleta vestido de etiqueta, que me enorgullece su estampa, reverencia incluida, teatro en pie, sin podium y con un solo ganador.

Me resulta tan extraño no verlo en el mismo medio de comunicación, después de un Campeonato del Mundo, en el centro del podium, durante los mismos minutos que el reportaje diario de la colonia y calzoncillos de “Don Cristiano Ronaldo”.

En las tablas del Teatro Campoamor, veo a miles de triatletas desnudos y aún con el Teatro lleno, en pie y aplaudiendo, nadie nos ve…

 

El triatleta desnudo
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