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Doping deportivo: Cuando la sombra de nuestros limites nos acecha

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Cuando el límite de las prestaciones humanas se asoma al precipicio, está el doping para sumar un poquito más, ya saben. La ilegalidad de estas prácticas está absolutamente clara a todos los niveles, pero cuando lo moral ya no es la base de los valores, todo vale. Engañar a los demás es una opción, pero engañarse uno mismo resulta tan miserable como inútil.

En los últimos años se han realizado verdaderos esfuerzos en concienciar a los deportistas, que ese tipo de actuaciones, no solo están prohibidas, sino que a la larga suelen provocar problemas de salud irreparables.

Pero como no ganamos para espantos, ahora que todos estamos limpios de culpa y de sustancias con efecto queroseno en la sangre que nos hace rendir por encima de nuestras capacidades, se nos asoma desafiante el doping tecnológico, como lo leen.

Una marca multinacional de zapatillas deportivas y textil, se ha propuesto como hito para impulsar sus ventas, que patrocinar la bajada de dos horas el tiempo de una maratón, le aportará el prestigio que lo que el humano no consigue por sus medios, ellos te ayudaran a conseguirlo, fácil y sencillo.

Pretenden trasladar al usuario que lo que el cuerpo humano, unido con la ciencia y las capacidades entrenadas, mejoradas y adquiridas, no son capaces de conseguir, ellos con unas zapatillas sí, para que quede claro.

Ya ven, una vez más la tecnología al servicio de la trampa, la evolución como falsificadora de verdades, la innovación como herramienta para generar un contenido sospechoso. Es lo que pasa cuando se utiliza la innovación para perjudicar nuestros sueños, nuestra realidad, nuestra salud por encima de nuestras más sinceras posibilidades, nuestra mejor respuesta fisiológica, el límite de nuestra raza…

La mayoría de runners en el mundo, corre por encima de los 5 minutos el kilómetro.

Se hace por placer, como motivación para conciliar una vida saludable, abarrotada de exigencias que cada día supone un reto. Los marcianos que se disputan las maratones más importantes del mundo, corren por debajo de los 3 minutos el kilómetro. Pruebe correr un solo kilómetro a este ritmo, solo uno.

El actual record del mundo, sitúa en 2 horas 2 minutos y 57 segundos, a casi 3 minutos de bajar las dos horas. Esa es la barrera humana, más que un registro se trata de un imposible para él 99,99 runners del planeta.

¿Es una necesidad exigirle a un cuerpo humano, que baje de los 2 minutos y 50 segundos por kilómetro, en una prueba de 42 km?

Una placa de fibra de carbono en la mediasuela dispara las especulaciones sobre la frontera del dopaje tecnológico. Pesan menos de 200 gramos, tienen una inclinación pronunciada hacia delante, forma acucharada, junto con una delgada y rígida placa de fibra de carbono incrustada en la goma. Cuentan quienes probaron el artilugio, que tienen la sensación de correr cuesta abajo, tienen la sensación de no poder correr despacio.

Parece ser que estas placas tienen un comportamiento con efecto muelle, lo que permite un menor desgaste y mayor ahorro de energía.

No discutiré la legalidad o no de estas zapatillas, sus evoluciones o si esa tecnología será la aplicada en futuras generaciones, pero es una evidencia que el rendimiento del cuerpo humano lleva anclado en estos límites desde hace décadas y forzar una evolución de tres minutos supone bajar casi 5 segundos por km, que viene siendo la evolución en este deporte en los últimos 50 años.

Miguel Indurain decía cuando le preguntaban por las características técnicas de su bici al terminar un Tour de Francia, portando el malliot amarillo, que la bici era importante, pero si quien se subía en ella no tenía piernas y motor (corazón) suficiente, de poco le serviría la mejor bici.

Cuánta razón tiene Miguelón!!!

Doping deportivo: Cuando la sombra de nuestros limites nos acecha
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