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Las bolsas de los corredores

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Ayer recogiendo mi bolsa del corredor para una prueba de running, me di cuenta de ciertas cosas que me gustaría compartir mi opinión.

Al llegar al lugar del evento, pasé por una carpa que la organización había colocado para llevar a cabo el servicio de secretaria y retirada de dorsales. Indiqué mi nombre, me dieron mi dorsal y me indicaron que me acercara a otra carpa, para recoger el resto de cosas. Me dirigí a ella, me preguntaron por mi talla y me aportaron una camiseta efectivamente de una talla superior, alegando que ya no le quedaban de esa talla, a continuación también la bolsa del corredor, de plástico y con asas, tipo supermercado de un comercio local.

No tengo nada contra ello, no me inscribo en una carrera para coleccionar camisetas o esperar que en la bolsa del corredor me aporten nada que no tenga o haya preparado con anterioridad. Pero recuerdo que no hace tanto, al recoger mi bolsa del corredor en una prueba popular, te quedabas con la boca abierta.

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Te obsequiaban con una mochila, que al primer contacto con ella, te hacía cogerla con fuerza, pesaba y se oían cosas dentro. A parte de la camiseta conmemorativa de la prueba, venían algunas muestras de geles, cremas, algún “pastelito” o producto de la fábrica local, cupones descuentos de patrocinadores o comercios de la zona. Incluso la pulsera de control para acceder a la comida que se organizaba en meta.

Hoy sin embargo, la situación es bien distinta, como comento en este caso, me encontré con una bolsa de plástico muy digna, dos folletos publicitarios de productos, una botella de agua pequeña y una barrita energética.

Lo curioso es que el precio de estas pruebas populares durante estos años no ha variado y si lo hizo fue para encarecer su inscripción.

Magnificas carreras, organizadas por magníficos profesionales, gente que tiene mucha experiencia es esto. Pero que entregan, cada vez más bolsas del corredor muy justitas, deficientes diría yo.

Todo esto puede ser compensado si a la llegada a meta, los servicios dirigidos al participante justifican el ahorro anterior. Pero aquí nos encontramos de nuevo con lo mismo. Una camilla y un fisioterapeuta para recuperar a 300 corredores, una lata de refresco y una palmadita en la espalda que sustituye perfectamente una medalla de finisher.

Una prueba de calidad no depende del contenido de la bolsa de corredor ni mucho menos. El participante valora mucho más el nivel de organización, la señalización del recorrido, los lugares de paso de la prueba y los servicios al participante una vez en meta, pero si la bolsa es escasa y los servicios post carrera también, tenemos un problema.

Y éste se llama sobresaturación de eventos, que no permiten que los organizadores tengan capacidad de convencer a marcas patrocinadoras para que aporte material o medios con el fin de obtener un buen evento, con un buen nivel de calidad. La cantidad ha superado ese concepto y parece mucho más rentable.

 

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