Éxodo 20:11.

“Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el SEÑOR bendijo el día de reposo y lo santificó”.

Así reza de la Biblia y así concluyó una semana laboral de Jesucristo, concretamente la de la creación, posiblemente récord del mundo construyendo planetas a destajo. Proeza inigualable hasta nuestros tiempos ya ven…

Pues eso, es domingo y he salido a dar un paseo, que para eso es día libre y lo dejo encargado el Señor, a que el sol me caliente la cara, que con el frío de los últimos días apetece…

No tengo tiempo para ver la tv, tampoco quiero verla que sería el primer motivo, algunas veces si ojeo algún diario, paso por encima las noticias políticas, ingobernables e imposibles de digerir. En los deportes si me detengo con más seriedad, pero incluso encontrar noticias serias en deportes, se está convirtiendo en algo complejo, por inexistentes o por ocultas entre montañas de escombro periodístico, tan preocupados de vender historias en primicia, aunque sean mentiras porque eso es lo menos importante…

A lo que voy, observo por la calle a gente que camina con auriculares. En la parada del bus, en los parques calentándose con el sol, incluso veo a parejas con su perro, que también llevan auriculares y se miran con cara de asombro.

Un grupo de amigos sentados en un escalón, en plena calle. Uno de ellos lleva auriculares, el resto le observa en silencio, de pronto alza su puño en clara alusión a victoria… Algo está pasando y no sé qué es… Son las 10 de la mañana y extrañamente veo a gente conectada como en antaño, a un acontecimiento radiofónico supongo, que debe estar pasando ahora mismo.

Sus caras y gestos me sugieren que puede ser algo deportivo. No solo por el perfil del personal, más bien por sus caras de felicidad e ilusión. Desprenden alegría, satisfacción, emoción, incluso sorpresa y eso usted perdone, lo genera el amor o el deporte, así de simple.

Me decido a entrar en un bar, para preguntar qué carajo me estoy perdiendo. A estas horas no hay partidos de futbol, tampoco de baloncesto, no estamos en época de Mundial, Eurocopa o cosas así.

Ahora sí, en una pantalla gigante la Final del Open de Australia. Gente de todas las edades, con sus tostadas, “cafelitos”, churros o zumos de naranja, entre gritos de “Vamos Rafa”. El rival es un tal Federer, suizo de nacimiento y grande del planeta por Elegante, respetuoso competidor, educado y uno de los mejores tenistas junto al español de todos los tiempos. De ambos habría que añadir, representantes del ejemplo a la excelencia deportiva, al compañerismo, a los valores personales por encima de su propia imagen de deportistas de elite, ricos y guapos. Referencia de la inteligencia, del sacrificio, de la perseverancia, por nombrar algunas. 

 

 

Nadal llegaba a esta final después de algunos partidos al límite, tras varios años en la sombra de su propio mito, el que ha construido a base de honor, orgullo y trabajo. El mismo Nadal, afirmaba que: “después de la matanza de la semifinal, (partido que duró más de 5 horas), me encontraba muy bien”. Y terminaba con su discurso delante de los presentes en la final, diciendo: “Roger ha merecido esta victoria más que yo y me alegro por él”.

A la vez, Federer afirmaba: “Tengo que felicitar a Rafa por su regreso y decirle: sigue jugando, el tenis te necesita. Sé que en el tenis no hay empates, pero si los hubiese, sería un honor compartir el trofeo contigo Rafa”.

En la calle, en los bares, en las casas donde pusieron la tele durante más de 3 horas para ver esta final, nadie entendió que Rafa había perdido una final, ni siquiera que Federer fuese el único ganador.

Quizás por ser domingo y día de descanso, quizás porque los dioses de nuestro tiempo algunas veces nos regalan domingos de trabajo duro. Quizás porque hoy no es Cristiano la noticia, Ronaldo digo, no el otro.

Quizás porque Jesucristo dejó planeada la existencia de Nadal y Federer, por encima de victorias y derrotas, por encima y debajo del rencor competitivo, por delante y detrás de cualquier resultado.

“Tengo que felicitar a Rafa por su regreso y decirle: sigue jugando, el tenis te necesita. Sé que en el tenis no hay empates, pero si los hubiese, sería un honor compartir el trofeo contigo Rafa”

Al séptimo día, descansaron después de haberse matado a “raquetazos”, reconociéndose admiración, tan autentica y necesaria, tan verdadera y merecida como su propia historia.

Al Séptimo día descansó
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